El estúpido criterio del organismo educador catalán.
Leo en la prensa matutina que el Arzobispado de Valencia quiere promover la construcción de una Iglesia para los mártires del 36. Entre esos mártires solo aparecen los nombres de los muertos en el lado fascista (y digo fascista por que creo correcta la definición debido, sobre todo, a la estrecha relación que existió entre la Iglesia, el ejercito Franquista y el régimen Nazi, apoyado sin paliativos por la dictadura de Mussolini)
Me sorprende, no el sectarismo moral, que ya es reprochable, si no este peculiar quiebro de las políticas de conciliación derechistas y seculares que abogaban por olvidar a los muertos de la dictadura en pos de la reconciliación. En fin, que cuando a uno le toca, pos le duele… ¿o no?
Ibarra se va. Nos deja para siempre. Una andadura política que toca a su fin. Claro está que espero se quede a vivir en su tierra, la enorme provincia de Badajoz, con tan escasa densidad de población y por momentos (si nadie lo remedia) yerma y pedregosa.
No se equivoquen. No le hecho la culpa a él. Al menos no toda. Bien sabido es que a lo largo de décadas esta tierra ha sido objeto del desprecio medio ambiental más ruin y salvaje que he tenido la desgracia de conocer. Miles de hectáreas de espesos encinares fueron amputadas de las entrañas de Extremadura para beneficio particular de cortijeros cobrasubenciones. La poca industria foránea se permite el gratuito lujo de vomitar en nuestros exiguos ríos y riachuelos. La fauna es acribillada a perdigonazos por señores de traje verde y tan aburridos que convirtieron la muerte en ocio. No me olvido de la “cementera”, que constipada tose a diario ese polvo mortal, asemejando el paisaje a la posguerra nuclear. A pesar de todo, es de tal enormidad Extremadura, que aun perviven biosferas únicas, hermosas y tierras fértiles, capaces de darnos frutos incomparables, aunque puede que no por mucho tiempo.
Como ya he dicho no le hecho toda la culpa a Ibarra. Al fin y al cabo no es más que uno de tantos políticos de izquierdas vendidos al gran capital, sin el valor suficiente para enfrentarse a los poderes fácticos que nos esquilmaron como conquista romana. No es más que uno de tantos que negará la evidencia con tal de retirarse entre laureles, por que Extremadura es así; benévola con sus gobernantes. Y es que en los albores del tan temido cambio climático, el señor Ibarra ha tenido a bien concederle a la familia Gallardo _dueños de la cementera y abanderados del proyecto de la nueva refinería de tierra de barros, vientre del vino_ concederle un permiso extra para la emisión de gases de efecto invernadero. El asunto, peliagudo en cuestión, es requisito indispensable en la ampliación de la, también suya, siderurgia Balboa. Una industria que generará muchos más beneficio de los que ya genera a la familia Gallardo, al tiempo que más basura a los extremeños. Y es que la atmósfera de todos será el regazo de los deshechos.
Badajoz, provincia extremeña situada al sur oeste español, candidata a sufrir los peores efectos de las anomalías climáticas, hoy está un poco más cerca del desastre. Gracias Ibarra. Y por dios, nunca te vallas.
No se si son los efectos colaterales de la fiebre por los nuevos televisores de plasma, pero que tantas personas decidan al mismo tiempo cambiar el susodicho electrodoméstico resulta harto llamativo. ¿O es que llevaban allí tiradas más de una semana, acumulándose una tras otra? En todo caso bravo por los Montijanos, un pueblo ejemplar y sensibilizado con el reciclaje ordenado y limpio.
La Iglesia de San Pedro es un edificio realmente espectacular. Mirar su deterioro progresivo es lamentable. Yo, que no soy católico, que aborrezco el organigrama vaticano, que desprecio su ética y apostolado, también lloro al observar las pintadas y el deficiente mantenimiento que lo están carcomiendo. Me duele la aptitud desdeñosa de la sociedad, que ya sean o no adoctrinados, adolecen del más básico sentido cívico.